Así logró el objetivo: que el choque terminase con empate sin goles (0-0) y todo se decida el próximo miércoles en Stamford Bridge. Los rojiblancos, sin resquicios que encontrar, tuvieron que fiarlo todo a los remates de cabeza y a algún tiro lejano que no lograron transformarse en el gol que elevara sus esperanzas de acercarse a la final de Lisboa. El Chelsea jugó a lo suyo, con Torres como una boya en medio del océano y diez hombres defendiendo como gato panza arriba.
José Mourinho conquistó el premio que buscaba con su planteamiento defensivo 4-1-4-1, un empate sin goles en un encuentro que dominó sin premio el Atlético de Madrid. El portero checo Petr Cech cayó lesionado en un hombro en el minuto 19 y tuvo que ser sustituido por Schwarzer, de 41 años. También se tuvo que retirar Terry tras torcerse el tobillo. Mientras, el capitán rojiblanco Gabi Fernández más el inglés Frank Lampard y el nigeriano John Obi Mikel no disputarán la vuelta por sanción tras ser amonestados.
El Atlético, en su vuelta a unas semifinales de la Liga de Campeones 40 años después, asumió un papel diferente hasta ahora en esta edición del torneo; un nuevo desafío ofensivo contra un estilo similar, contra un bloque de perfil defensivo y decidido a mantener su portería a cero en el Vicente Calderón por encima de todo.
Esta noche fue el Atlético el que tuvo que atacar en estático, mover la pelota, buscar huecos y esperar al momento propicio para intentar perforar la portería. La defensa atlética poco o ningún trabajo tuvo ante un Fernando Torres que volvía a jugar en el Calderón por primera vez desde que no viste de rojiblanco pero que estuvo siempre muy solo.
No le preocupó nunca al Chelsea la posesión de la pelota ni ganar el choque. Jamás arriesgó, a la espera de que pasasen los minutos sin noticias de fútbol. En su rigor táctico, en ese ritmo lento y de constantes interrupciones en el que llevó el duelo, enredó al equipo rojiblanco durante casi todo el encuentro, le dio el balón sin ninguna duda y le propuso un problema de complicada resolución. Y cuando había que entorpecer, retrasar y poner nervioso al árbitro, se hacía.
Este el fútbol que mejor entiende Mourinho: la estrategia pura y dura y sin fisuras.