La predilección popular por Poroshenko, que incluso podría concederle la victoria directa, es el único factor seguro en un camino lleno de incógnitas que afectan al futuro inmediato del país en sus relaciones con la UE, con Rusia, y con las comunidades escindidas.
Incluso la "predilección popular" está bajo sospecha. Solo un 4,4% de los ucranianos cree que Poroshenko, de 48 años, es un hombre "honesto", según una encuesta realizada el pasado mes de abril por cuatro institutos sociológicos ucranianos. Pero la población le reconoce su pundonor durante las protestas de Euromaidan que acabaron con el Gobierno del ex presidente Viktor Yanukovich: de los candidatos en liza, solo Poroshenko se negó a firmar un acuerdo de negociación pactado con el antiguo jefe de Estado en contra de los deseos de los manifestantes.
El acuerdo no sirvió de nada. Yanukovich se marchó a Rusia un día después, el 22 de febrero, sin estampar su firma en los textos, iniciando la cadena de acontecimientos que ha culminado en la situación actual.
Durante estos meses Poroshenko, de por sí considerado una víctima del Kremlin por el acoso sufrido el pasado verano por su marca de dulces Roshen —Moscú se apropió de una de sus fábricas en Rusia—, ha ido incrementando su popularidad a ojos vista sobre todo cuando en el pasado mes de marzo, el campeón del mundo de boxeo y político opositor Vitali Klitschko, uno de los rostros más visibles de las protestas, anunció su retirada de la candidatura para dar su apoyo a Poroshenko, en lo que se consideró el golpe de efecto definitivo para garantizar el triunfo del llamado Rey del Chocolate.