Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca son mundialmente conocidos desde hace décadas por haber proporcionado numerosas evidencias de diversas especies de homínidos a lo largo de los últimos 1.2 millones de años, pero además de estos, también es una fuente extraordinariamente rica de fósiles animales.
Con el estudio de los restos fósiles encontrados entre 2001 y 2004, se han confirmado y publicado recientemente en la revista Geobios, la presencia de 784 elementos correspondientes a un mínimo de 77 especímenes de 18 taxones distintos, entre ellos una salamandra, un tritón, ocho ranas y sapos, una tortuga terrestre, tres lagartijas y cuatro serpientes.
Entre ellos resulta especialmente importante destacar la documentación del tritón palmeado (Lissotriton helveticus) que representa la mención más antigua de esta especie en nuestra península, un sapo pintojo (Discoglossus sp.) y una lagartija del género Podarcis.
Esto supone el descubrimiento de la mayor diversidad de anfibios y reptiles jamás documentados en los yacimientos de dicha sierra, dado que representan al 64% de las especies de herpetofauna que actualmente viven en el entorno de la sierra: el 81% de las especies de anfibios y el 47% de los reptiles
Los restos fueron encontrados en los estrados superiores de la Sima del Elefante lo que permite otorgarles una antigüedad de 300.000 años. De su estudio se deduce que con la excepción de las tortugas, todas las especies representadas están presentes y apenas han evolucionado, confirmando que la herpetofauna tenía ya entonces un aspecto muy moderno.
Además la asociación de los mismos sugiere un clima que podría haber sido un poco más cálido que el actual y que comparativamente a otros yacimientos de la misma sierra, correspondería a un periodo más seco en el que el paisaje podría haber estado compuesto por bosques de galería en torno a un curso de agua tranquilo en un ambiente mediterráneo.
Este estudio ha sido posible gracias al trabajo de científicos del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), en el que trabajan investigadores del Institut Català de Paleoecología Humana y Evolución Social (Iphes) y de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona que cada verano criba y lava con agua los sedimentos extraídos por los arqueólogos para encontrar los pequeños huesecillos de estos y otros muchos animales.