El contexto histórico de la novela nos sitúa en la insurrección en Cuba. España en vísperas del desastre del 98, aunque todavía se deja sentir el esplendor de la modernidad cuyos ecos se propagan desde Europa con la expansión industrial. París, Londres y Viena son una vía constante de innovación. Desde la comunicación telefónica, la luz eléctrica y el cinematógrafo a la nueva arquitectura basada en bóvedas acristaladas y palacios de hierro.
Esta historia es la metáfora de toda una generación. Nuevos aires de modernidad que acabarán en tragedia y desencanto. La euforia de la modernidad degenera en el profundo sumidero de la España negra. Lo que era esplendor y prosperidad, derroche y lujo, se irá transformando en ruina y decadencia.
Hasta el título tiene miga en esta historia. Es más, es toda una declaración de intenciones ya que la expresión “adorables criaturas” se usa habitualmente con segundas intenciones para calificar a las mujeres. Como si el hombre pensase que la mujer es una bella prolongación de si mismos a su merced.
Adorables criaturas se lee con fluidez y nos atrapa desde el principio dosificando la intriga y la fuerza de los personajes. Ya sabéis, todo es frasquitos pequeños, como el veneno. Somos testigos de la trama en tercera persona, intercalando diálogos que nos sitúan en el centro de la escena, convirtiéndonos en testigos privilegiados.
La trama comienza en la mansión de los Ubach, donde acaba de nacer un varón sano y fuerte, tras un parto largo y trabajoso. Sus padres, León e Inés, pertenecen a esa nueva burguesía, próspera e ilustrada, que crece a la sombra de las industrias textiles en una pequeña ciudad española de provincias, no lejos de la capital.
En la casa todo es agitación. La madre, Inés, muy débil, no se siente con fuerzas para alimentar al bebé. El médico de familia, Samuel, supervisa todo el proceso. El servicio se moviliza y todo se prepara para recibir a la nodriza que garantizará la buena alimentación del pequeño. El uso de nodrizas era algo habitual en el siglo XIX. La llegada de este personaje a la casa se vive como una amenaza rodeada de misterio. Su presencia no inspira confianza, a pesar de todo, se quedará en la casa, nadie se atreverá a hacerle frente.
León había heredado la industria cuatro años atrás, cuando murió su padre. Antes de tomar las riendas del negocio familiar viajó a Manchester y a Londres, donde se inspiró en distintas teorías para aplicarlas a la construcción de la colonia a su regreso. En ese primer viaje a Londres conoció a Inés y a su hermana Tessa.
Tessa tenía entonces tres años y una Miss Lucy de treinta años, se ocupó de ellas. A la muerte de la madre quedaron arruinados. El padre, agregado de la embajada española en Londres, ateo, calavera, endeudado y tahúr, trajo la ruina a la casa de Belgravia. Por la casa, a donde acude también León, pululaban todo tipo de personajes, artistas y políticos mezclados con teósofos, ilusionistas y profetas. León de Ubach se erige en su protector, salda las deudas de la familia y se casa con Inés.
Dividida en cinco actos, y cada uno de ellos, a su vez, segmentados en pequeñas escenas que facilitan la lectura y le dan dinamismo al contenido. El orden de la narración es casi siempre lineal y cronológico, exceptuando los flashback de la nodriza o algunos saltos en el tiempo que sirven para ponernos en antecedentes.
Las mujeres son las grandes protagonistas de esta novela. Se nos presentan distintos prototipos, todos ellos retratados con minuciosidad realista; un abanico de mujeres de la época, en distintas clases sociales, desde las más cultas y progresistas, como Tessa, hasta las marginadas y analfabetas como Águeda. La autora consigue construir retratos tanto físicos como psicológicos muy elaborados y de gran poder simbólico. Personajes que acaban representando a los distintos estratos sociales de la época.
La escritora de esta obra es una barcelonesa, Dolores Payás, que ha vivido varios años en México DF. Ha trabajado como guionista para la televisión y fue pianista acompañante en escuelas de danza clásica y academias de canto para aficionados.
Actualmente, nuestra autora vive una existencia medio nómada. Reparte su tiempo entre Beijing y Barcelona, con temporadas en Suiza, Inglaterra y Grecia. Así que no para quieta. Payás ha escrito para cine y ha dirigido dos largometrajes. Es traductora, y ocasionalmente publica artículos culturales.